Javier Fernández Presidente del Principado de Asturias
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Intervenciones

Discurso pronunciado por el presidente del Principado de Asturias al recibir la XXXVIII Amuravela de Oro

Intervención del Presidente

En primer lugar, proclamo que me gusta Cudillero. Me gusta desde arriba y desde abajo; el de las postales y el que se empina y despeña por las calles. Me gusta visitarlo y me gusta también estar aquí hoy con ustedes.

En segundo lugar, quiero decirles que hay gente en política para la que lo importante es que hablen de ellos, aunque sea mal. No es mi caso: tengo que confesar que sí me gusta que hablen, pero bien.

Gustavo Suárez Pertierra ha hablado mucho de mí. Ya supongo que no se lo irán a creer todo, porque hasta los prudentes se exceden con el elogio. Muchas gracias por tu afectuosa semblanza, Gustavo: por un momento pensé que por fuerza estabas hablando de otra persona, que habías elegido alguna biografía del santoral. No obstante, has destacado algo que voy a aprovechar. Has subrayado mi pasión por la lectura. Lo cierto es que si como lector no soy bueno, al menos sí soy asiduo.

Eso tiene su importancia, porque para cualquiera, y por supuesto para los políticos, la afición a la buena literatura no es una pérdida de tiempo, sino un ingrediente fundamental de la pasta que los conforma. La comunicación sólo es posible mediante el lenguaje y el lenguaje se adquiere por impregnación. Por eso creo, como Vargas Llosa, que la literatura es tan importante para los políticos: porque debemos, deberíamos, ser capaces de hablar un lenguaje que la gente pueda entender. Para que a partir de ese entendimiento, de esa comprensión de lo que queremos decir, la gente decida y entonces apruebe o repruebe, acepte o rechace, elija o reelija. De ahí que cuando el lenguaje político se desviste de matices para reducirse a clichés, estereotipos y consignas la esencia misma de la política se desvanece. No sé si como quería Celaya la poesía fue alguna vez un arma cargada de futuro; desde luego la palabra es el arma más poderosa de la política, el arma de convicción masiva.
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