Javier Fernández Presidente del Principado de Asturias
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Javier Fernández: "El PSOE pasó el examen de los militantes; queda el más decisivo: el de los votantes"

"Respeto la decisión sobre la plurinacionalidad, pero mi posición es distinta", asegura el secretario general en una entrevista en La Nueva España, en la que subraya que "nunca promoví el conflicto en la FSA, sino lo contrario: concordia y consenso"

Javier Fernández


Javier Fernández (Mieres, 1948), presidente del Principado, accede a una larga conversación con La Nueva España, publicada el pasado domingo, una vez que ha cumplido con su etapa como presidente de la gestora del PSOE y después de haber anunciado que no optará a la reelección como secretario general del partido en Asturias.

-Suelta amarras de la FSA.

-Es algo natural, son 17 años. Cuando yo fui elegido estaba en esa época en la que el alma aún era inmortal. Han pasado tantas cosas que ya estaba concienciado de que era mucho tiempo, seguramente demasiado, al frente de la organización.

-Éste también va a ser un momento difícil para el partido, como el que le tocó a usted entonces.

-Efectivamente, llegué en un momento muy difícil, pero con otras circunstancias. El partido era quizás más fuerte, la política menos simplificadora que ahora. Eso ha cambiado. Durante todo este tiempo al frente de la FSA tuve aciertos y equivocaciones, pero lo que intenté, como en la vida, fue aprender de ellas: no repetir los mismos errores, tener otros nuevos. Pero no llevo el cilicio puesto por lo que pude hacer mal. Lo que tengo claro es que nunca promoví el conflicto en el seno de la organización, sino lo contrario: la concordia y el consenso. Espero que quien me suceda busque y consiga los mismos objetivos.

-Se bautizó como javierismo a la unidad que usted logró en un partido acostumbrado a la riña de familia.

-En estos 17 años lo que no hubo fue enfrentamientos de facciones, pero sí conflictos: son inevitables en la política y procuré afrontarlos con cooperación y concordia y no alentando la cultura del enfrentamiento. ¿El javierismo? No existió. Zavalita se preguntaba (en la novela Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa) cuándo se jodió el Perú, pero el javierismo no pudo joderse porque no era nada. Era simplemente un tiempo en el que el partido transitó por cauces en los que sin negar el conflicto éste se limitaba a situaciones concretas y no a facciones. Las luchas entre facciones pueden llevar a la frustración y al debilitamiento de la organización.

-María Luisa Carcedo fue un importante apoyo para usted en otro tiempo…

-La política es como la vida, pero en caricatura. Todo en ella es más sobredimensionado y esquemático. Y es cierto que hay quiebras políticas que son muy profundas, que conllevan también un componente personal y emocional. Por tanto, hay relaciones que no son recuperables. Eso no quiere decir que conviertas a nadie en enemigo porque en la vida, desgraciadamente, siempre pierdes algunos amigos, pero me resulta muy cansado pensar en hacer enemigos porque te duran para siempre.

-Adriana Lastra…

-No, mire, digamos que yo tenía una relación más larga y más profunda con Luisa Carcedo, así que si ya le he contestado, por favor no me haga una enumeración de afectados.

-Usted se definió como fotofóbico, alguien que huía de la política espectáculo y de declaraciones constantes. Y va y accede a la presidencia de la gestora en el peor momento para alguien así.

-La capacidad de adaptación de los humanos es sorprendente. No creo que ahora sea una persona especialmente fotofóbica. Asumí una responsabilidad que no era fácil porque en aquel momento existía una posición unánime de las personas que, digamos, estaban en mi opción política, en cuanto a que debería ser yo quien presidiera ese órgano provisional. E incluso, entre quienes estaban en otras opciones, también algunos tenían la idea de que yo debía hacerlo. Había una extraña unanimidad a la que yo no podía ni quería evadirme, porque era mi responsabilidad.

-¿En qué momento se torció la relación con Pedro Sánchez?

-¿Desde mi visión personal?

-Sí.

-Mire, desde esa visión mía. Recuerde que yo fui quien presentó a Pedro Sánchez, porque él me lo pidió, en el circo Price. No había por tanto ninguna tensión entre nosotros. Y es en el primer comité federal tras las elecciones cuando yo, que se lo había dicho la noche anterior, propongo que haya un congreso ordinario antes de intentar formar el gobierno, que entonces recuerden que era transversal. Yo lo que planteo es que haya un congreso, nada más. Eso se desestimó, punto. Tras las segundas elecciones, yo le digo a Pedro Sánchez, y al día siguiente en el comité, que hay una cosa peor que un gobierno en minoría de Rajoy, que es uno en mayoría. Y que si no había un gobierno, con nuestra abstención, tendríamos unas elecciones en las que iríamos como culpables y que tendrían consecuencias negativas para el partido y para el país. Ésa es la posición, que la digo y la mantengo exclusivamente en el comité federal y justo tras las segundas elecciones. Nunca dije nada fuera de los ámbitos internos. Ése es el camino en el que entro en confrontación con las tesis de la dirección política.

-¿El argumentario de la abstención falló en la parte emocional?

-Era un argumentario típico de un ingeniero: lógico. ¿Podía haber un gobierno alternativo? No, porque no querían ni Ciudadanos ni Podemos. Sólo cabían elecciones o abstención. Y a la hora de analizar los pros y los contras, entendía que las elecciones eran peores para el PSOE y para España. Ésa es la historia y a eso me ceñí, para intentar convencer a la sociedad española y al partido, en el caso de éste con poco éxito.

-Hay quien dijo que usted se había derechizado por optar por ese supuesto mal menor.

-Hay veces que en política te tienes que mover en el territorio del mal menor. Hay gente que no duda, pero yo dudé en este asunto también y no creo que eso tenga que ver con la derechización. También le digo que nunca he sido ni quiero ser un radical. Y le digo algo más: yo creo que el Partido Socialista, a partir de lo que ha ocurrido, puede y debe tener más cohesión. Hay una oportunidad de cohesión. Ahora lo que entiendo es que el refuerzo de la cohesión interna no debería de perjudicarnos en la aceptación externa. El partido ha pasado su primer examen, que es de los militantes, pero todavía más importante y más decisivo es el segundo: el de los votantes. El partido tiene que hacer un discurso que vaya más allá del que esperan los convencidos. Ésa es mi opinión.

-¿Qué aprendió de la etapa al frente de la gestora?

-Nada que no supiera pero que se consolidó. Que la razón y el sentimiento en política son complementarios pero en el mundo actual el sentimiento es cada día más poderoso.

-¿Se ha roto el PSOE que usted conocía o se abre una etapa nueva y esperanzadora?

-El PSOE ya pasó por otras crisis distintas a ésta. Como es ésta, pues yo creo que debe evitar tres cosas, un cisma entre militantes y dirigentes, entre el presente y el pasado y entre el Norte y el Sur. Ésas son tres cuestiones que me parecen claves para que de todo este proceso surja un partido socialista que se adapte a las nuevas exigencias de la sociedad.

-¿Y la razón de fondo es un cambio social que Podemos ha sabido interpretar mejor?

-El problema de la socialdemocracia viene de lejos. La gente espera más de nosotros, del PSOE o de la socialdemocracia, que de otras organizaciones. Y todo en un momento en que el poder se está divorciando de la política. Deberíamos volver meter el genio de las finanzas en la lámpara de las decisiones democráticas. En la crisis nosotros pasamos de negarla a aplicarle una cura de caballo y eso permanece, está en la raíz y en la emergencia del 15-M, de Podemos, y de este tipo de movimientos de carácter populista. Por primera vez desde el 78 el PSOE se encuentra de verdad compitiendo en su espacio con un partido con el que tiene que pactar, pero se trata de pactar con tu némesis, el que viene a sustituirte. Con un discurso muy viejo, que también usó la derecha: el regeneracionismo, arriba y abajo, pueblo y élites, el bipartidismo, el victimismo… Les recuerdo que Cascos proclamaba un regionalismo, hablaba de la región olvidada, igual que los independentistas hablan de la nación oprimida.

-¿Ve similitudes entre Foro y Podemos?

-Desde el punto de vista ideológico parece evidente que existe siempre una conexión en la que los extremos se tocan. Desde el punto de vista práctico ahí está Gijón, gobernado por Foro por la voluntad de Podemos.

-¿Sintió que fue recibido con frialdad en el congreso federal?

-Nunca esperé un reconocimiento después de todo lo que había vivido, leído y escuchado.

-¿Qué es la plurinacionalidad?

-Pregúnteselo a la dirección. Es una decisión que ha adoptado el congreso y por supuesto que la respeto, pero mi posición es distinta, es decir, en este caso estoy en evidente minoría.

-La dirección del PSOE sostiene que la plurinacionalidad encaja en su espíritu de la Declaración de Granada…

-La idea, el espíritu dice usted… Como son cosas evanescentes a lo mejor encaja. Pero en la letra…

-Se han puesto como ejemplo Baviera o Bélgica. –Conste que me pregunta usted, porque no es un territorio en el que quiera internarme. Si me pregunta por Alemania, Francia, España, Bélgica... En Alemania, la nación alemana, la germanidad, trasciende el Estado. Los austriacos son alemanes, como los había en los Sudetes. La nación desborda al Estado alemán. En Francia, Estado y nación son lo mismo: la nación cívica, que nace con la Revolución francesa. En Bélgica es muy distinto, porque nace tras las guerras napoleónicas como tapón entre Alemania y Francia. Tiene tres regiones con autogobierno: Valonia, Flandes y Bruselas. Pero en ésas no hay ninguna lengua común. Ni en la génesis de Bélgica, ni en su construcción, ni en lo común de la lengua puede compararse a España. Si algo puede inferirse entre Bélgica y España es que allí se produce un federalismo al revés: un Estado que era unitario y ahora se descentraliza, que es lo que ocurre aquí. España tal y como se plantea es un Estado en el que parece que conviven más de una nación.

-Dicen que Peces-Barba compartía esta idea.

-No es la mejor referencia. Peces-Barba no consideraba oportuno un Estado federal, que sólo lo entendía como unión de estados ya soberanos. Y además decía que un Estado plurinacional significaba el fin de la igualdad. Se lo digo desde la experiencia no sólo de escucharle sino de leerle. Le remito a su ensayo La España civil.

-Se olvida de Bolivia.

-Respondo a lo que me preguntan.

-Se puso como ejemplo.

-Allí se habla de otra concepción de naciones: las precolombinas.

-Cree que este nuevo encaje puede ayudar a resolver la cuestión catalana. Siempre se dice que algo hay que hacer. ¿Hay solución?

-En este asunto de Cataluña han ido tan lejos los independentistas que en este momento ya incluso las posiciones rozan lo histriónico y lo ridículo. Y el ridículo es un lugar del que en política es muy difícil volver. Soy partidario de la negociación, del acuerdo entre todas las fuerzas políticas sin exclusión, pero no creo que debamos mantener un equilibrio entre las posiciones del Gobierno de España y las de los independentistas.

-Pedro Sánchez ofreció respaldo a Rajoy en este asunto.

-Efectivamente, creo que Pedro Sánchez está en esa misma posición.

-¿Qué desearía hacer en política en el futuro?

-Observarla. Siempre seré un hombre político. Pero cada edad de la vida puede ser una vida diferente. Yo quiero que la mía lo sea. Supongo que leeré más, si puedo viajaré más y si pudiera hacer algún deporte lo haría.

-¿Va a agotar la legislatura?

-Sin duda. Si convocara elecciones por rápido que fuese no habría Gobierno hasta finales de año. Y en marzo de 2019 habría que convocar otras. Así que no voy a someter a los asturianos a aventuras insensatas ni a especular con sus intereses por un cálculo puramente personal o político.

-¿Y por ganas?

-Eso no va conmigo, con mi manera de entender la responsabilidad política.

-Recientemente dijo que no era Santo Job.

-Fue sobre unas declaraciones de Gaspar Llamazares en las que decía que el Gobierno, débil en el Parlamento, ahora es débil en el ámbito interno de partido, y esto podía llevar a una situación como la del Gobierno de Marqués. Me parece imprudente por parte de Llamazares citar la soga en casa del ahorcado: él contribuyó de manera determinante a que hubiera aquel Gobierno. Pero ni yo soy Sergio Marqués ni en mi partido hay ningún Cascos, así que ese riesgo no existe.

-¿Y agotará el mandato como presidente sin relevo?

-A mí no me agota nadie (se ríe). ¿El relevo? No lo contemplo. Recuerde usted los avatares de la investidura.

-IU avisa de que serán dos años horribles para el Gobierno.

-Cuando IU tiene un problema nos lo traslada a nosotros. Cuando tiene tribulaciones, y las tiene a menudo, ahora el riesgo de fusión y absorción con Podemos, las convierte en un antagonismo con los socialistas. Busque en su hemeroteca. Llamazares dijo que rompía el acuerdo de investidura a los pocos meses de producirse. Hay un cierto infantilismo en esta actitud. Tanto Gaspar Llamazares como Ramón Argüelles saben perfectamente que están utilizando una táctica de distracción por el asunto de Podemos. Luego supongo que se irán a dormir el sueño de los fariseos felices.

-Plantea a IU y Podemos negociar y no ha tenido respuesta. Pero entre ellos sí se han citado.

-Me parece bien si contribuyo a la paz del alma entre estas dos organizaciones, perfecto. Pero lo que estoy proponiendo es un acuerdo para que salgan unas leyes empantanadas y un Presupuesto. Si lo que ellos acuerdan es asumible, no tendría inconvenientes. Que me lo traigan hecho.

-¿Con otro secretario general en la FSA será más fácil?

-Pues van a tener la oportunidad, porque otro va a haber. Si hay más margen porque hay más empatía, a mí me parece bien.

-¿Qué opinión tiene de los dos candidatos, Adrián Barbón y José María Pérez?

-Me voy a distanciar de los dos y lo voy a dejar a la militancia.

-¿Se sentirá cómodo con cualquiera de ambos?

-Tengo la seguridad de que sí.

-Vuelve la bicefalia a la FSA, una fórmula que funcionó mucho tiempo y rompió usted.

-Sí, sí. Y sin querer (se ríe). Me parece bien. Creo que el partido necesita tener un secretario general con dedicación y que gusta a la militancia esa separación entre partido y poder institucional.

-Parece que tendrá difícil pactar con el PP los próximos Presupuestos.

-No tengo esa intención ni la tuve con los anteriores. No queda margen. Lo que deseo y quiero es un acuerdo progresista, por la izquierda. No obvio las dificultades objetivas para concretarlo.

-¿Y por qué cuesta tanto acercarse a Podemos?

-Competimos por una parte importante del mismo electorado, no se puede negar. Y Podemos venía a ocupar este espacio. Los intereses electorales y los generales a veces entran en conflicto. Hay una disputa de un territorio electoral y en Asturias resulta evidente que hay un núcleo duro en Podemos, sobre todo en el ámbito sindical, que ha hecho de la oposición al PSOE una de sus señas de identidad. Hay cosas que, si somos realistas, vienen muy enconadas en el tiempo, y que dificultan las aproximaciones. De hecho, yo lo de Gijón no me lo puedo explicar en otros términos que no sean éstos.

-¿Ve coincidencias ideológicas?

-En lo social, evidentes. Y en lo fiscal no veo divergencias insalvables. Están en otros espacios. De competición electoral, de ruptura o continuismo.

-Pues si es la necesidad de ruptura, el cambio de secretario general debería allanar eso.

-Tengo el pálpito de que al final yo no soy el problema. Tendremos ocasión de verlo.

-Podemos sopesa presentar una moción de censura.

-La hicieron en el Congreso. No veo por qué no la harían aquí.

-¿Le supondrá un desgaste de imagen para el Gobierno?

-Me preocupa poco.

-¿Y el PSOE debería presentar una moción de censura en el Congreso?

-Pedro Sánchez dijo que no. No salen los números. Hace un año tampoco.

-¿Qué cosas de estos dos años de gobierno cree que han pasado desapercibidas? –No subestime a la oposición. Nada ha pasado desapercibido. Lo que sí ha sido es distorsionado. Mi preocupación fundamental cuando llegué al Gobierno era el mantenimiento de los servicios públicos. El paro cada día se acentuaba. No voy a atribuirme ninguna acción extraordinaria en estos asuntos, pero creo que ahora las cifras de paro son las que son. No hablo de ellas porque hay muchos parados en Asturias y el empleo todos sabemos que adolece de la calidad que todos querríamos.

-¿Alguna frustración?

-También tengo. Hay cosas a nuestro alcance directo que no hemos podido aún poner en marcha. Por ejemplo, el área central asturiana, algo que existe pero que debe aparecer de manera institucionalizada. Es algo que todos reconocen. Hay algo en la política asturiana, quizás también por la fragmentación parlamentaria que tenemos, que impide desarrollar cosas tan evidentes y necesarias como ésta por una idea yo creo no sólo equivocada, sino patológica de la política.

-¿En Asturias o en general?

-El Parlamento asturiano es de los más fragmentados. Hay un antagonismo de todos nosotros que asfixia o impide sacar adelante cuestiones de las que todos estamos convencidos. Para eso se necesita poner en común a partidos distintos. Y eso muy difícil. Hagamos esto con altura de miras para superar las relaciones de rivalidad con vínculos de cooperación.

-Asturias entró más tarde en la crisis, pero parece salir también más tarde.

-Entró más tarde, pero de una manera muy profunda por nuestra estructura productiva. Cuando se echa atrás la mirada conviene no confundirse. Las cosas ni en España ni en Asturias serán como entonces. No habrá devaluación de la peseta al entrar en el euro, ni privatizaciones, ni la dimensión de la construcción, ni fondos de cohesión, ni grandes inversiones, ni fondos mineros. Pisemos territorio firme y sepamos que todo lo que se haga ahora de crecimiento se debe hacer sobre bases nuevas. Ahora Asturias sí está en situación de recuperarse y de mejorar. Pero de una manera estructural.

-Malos tragos hubo.

-Siempre hay más malos tragos que otra cosa.

-Cuando decidió ser candidato al Principado estalla el caso Marea

-Sí, pero ya que preguntan, el más amargo fue el de Villa.

-Le expulsó de inmediato.

-En todos los casos. En el caso de Villa, al leer la información en la que él no negaba haberse acogido a la amnistía fiscal, al día siguiente anuncié su expulsión.

-¿Sin hablar con él?

-Sí, sin hablar con él. Nunca jamás volví a hablar con él.

-A un secretario general deben de llegarle muchos comentarios. ¿Ninguno relacionado con Villa?

-No. Hace unos años la presión social, política y judicial no era la misma. En el “caso Marea”, por ejemplo, quiero recordar que fue consecuencia de unas conversaciones cruzadas entre una funcionaria que estaba cometiendo un delito, no utilizando el poder político, y ahí se descubrió algo que yo nunca había escuchado e imagino que ustedes tampoco. En cuanto a Villa, yo fui amigo de él. No niego las relaciones que he mantenido. Fue una sorpresa, sin duda. Pero lo fundamental es reaccionar con rapidez y con contundencia en este caso. Y si yo lo hice fue porque nunca temí a lo que supieran o dijeran los corruptos. Eso da una libertad para actuar que otros pueden no tener en sus casos. Aquí en Asturias, la FSA fue pionera al poner la máxima de que los cargos públicos serían separados en cuanto se les abriera juicio oral. Eso tiene connotaciones que pueden ser injustas, pero así se ha hecho y en eso fuimos pioneros. Otros no lo hacen todavía. Durante este tiempo estallaron muchas burbujas de financiación de los partidos, pero yo puedo hablar con tranquilidad de que eso no va a pasar en esta organización, en la FSA, y ésa es mi responsabilidad más directa e inmediata.

-Con Villa la expulsión fue inmediata.

-Villa no tenía ningún cargo institucional del que dimitir. Pero sí lo expulsamos, porque no lo negaba…. La apertura de juicio oral no supone una sentencia condenatoria, por tanto, es algo preventivo. Sin embargo, alguien que admite que se ha acogido a una amnistía fiscal se ha condenado a sí mismo, al menos si no desde el punto de vista judicial, sí desde el político.

-El debate sobre la financiación autonómica será crucial para Asturias.

-Siempre que se debate la financiación va a haber problemas que superan los ámbitos de los partidos: el territorial. Preveo dificultades serias para tener el consenso generalizado y habrá que estar muy atentos a cómo se sustancia este asunto. Me parece lo más importante que tendré que afrontar de aquí al final de mandato.

-¿La táctica será la de resistir con lo que hay?

-Sería de resistencia si partiéramos de una posición privilegiada y Asturias no la tiene. Mi idea de la financiación autonómica es que se garantice que la prestación de servicios en cada territorio sea la misma, sabiendo que el coste de la prestación de la unidad de ese servicio no es el mismo por las razones que todos ustedes conocen.

-¿El AVE de Asturias es un culebrón?

-Es uno de los asuntos que no admiten la ambivalencia, y creo que he demostrado ser un tipo capaz de modificar posiciones en aras al consenso y para buscar soluciones. Tengo claro que lo óptimo sería que las mercancías pudieran pasar por los dos túneles de la Variante de Pajares: sería mucho más rápido y las inversiones que habrá que hacer en la antigua rampa me parecen un desatino. Y los convoyes de mercancías no podrán tener la dimensión que sí permitiría el paso por los túneles nuevos. En esto no veo ninguna ventaja, sí alguna obsesión.

-¿Se siente engañado por la anterior ministra de Fomento, Ana Pastor, con quien había un plan claro para abrir la Variante con ancho ibérico?

-¿Por qué me cita a Ana Pastor y no al actual ministro Íñigo de la Serna? En una rueda de prensa aquí expresó su posición sobre la Variante, que era la mía. Pero no porque yo se la diese. Venía con ella puesta. Todos sabemos por qué ha cambiado el proyecto. Porque hay un diputado que ha resultado decisivo. Mientras que Pedro Quevedo ha conseguido en la negociación presupuestaria 300 millones para Canarias, ese diputado asturiano ha traído un capricho o una obsesión. Me refiero sólo a las decisiones sobre la variante de Pajares.

La larga entrevista con La Nueva España dio pie a una charla informal sobre gustos literarios y las referencias que contribuyen a sus discursos. Javier Fernández lee todas las noches y los fines de semana. Antes leía más novelas, pero ahora se decanta por los ensayos. Cita a Karl Popper, Friedrich Hayek, Isaiah Berlin... "Conviene conocer el pensamiento de los que no están en las opciones políticas que tú defiendes", dice. Admira el lenguaje de los discursos de Azaña. Señala los parlamentarios de antaño "que tenían una manera de hablar que ahora es imposible de escuchar en política". Pone como ejemplo los debates sobre el contencioso catalán en la Segunda República. "Te das cuenta de que las cosas no han cambiado nada, pero los que hablaban de ello tenían una capacidad de análisis extraordinaria y lo transmitían con claridad de ideas". En ficción confiesa que relee mucho y a las obras nuevas va "sobre seguro". Aunque recientemente releyó El corazón en las tinieblas de Conrad, prefiere los autores hispanoamericanos, a los que incluso vuelve agrupando novelas de temáticas similares, como le enseñó su profesora de Bachillerato Carmen Castaño. Por ejemplo, obras ligadas a la figura de dictadores: Tirano Banderas (Valle-Inclán), El señor presidente (Miguel Ángel Asturias), Yo el supremo (Roa Bastos), El otoño del patriarca (García Márquez) y La fiesta del chivo (Vargas Llosa). Otras lecturas recientes: el ensayo Contra el odio (Carolin Emcke), recomendado por José Luis Rodríguez Zapatero, y el libro de relatos De hombres y mujeres, de Richard Ford, a sugerencia de Pedro de Silva.